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Opinión: Verlander, último sobreviviente de una raza de pitchers en extinción

Piensen en cuáles han sido los duelos de pitcheo más memorables durante sus vidas viendo béisbol. Busquen un favorito. ¿Qué hizo que ese partido se convirtiera en algo tan indeleble en sus recuerdos?

Lo más probable es que ese recuerdo especial no tenga nada que ver con un manager dirigiéndose a la lomita en la mitad del sexto inning para quitarle la pelota a su abridor. O quizás fue en el séptimo u octavo episodio. ¿El noveno? Pues es lo mejor que podemos aspirar en esta etapa de la historia del béisbol.

Durante la pasada campaña, apenas 15 lanzadores alcanzaron a sumar 200 innings, ese barómetro al cual muchos pitchers siguen aspirando como uno de sus objetivos primordiales en una campaña determinada. Eso igualó a la temporada anterior como aquellas en las cuales hubo una menor cantidad de pitchers llegando a tal umbral en una campaña sin interrumpirse por huelgas. En 2015, 28 pitchers llegaron a las 200 entradas. 50 lo hicieron en 1994. Treinta años antes, lo lograron 57. Ya pueden ver a dónde queremos llegar.

El aguante en la lomita parece encontrarse en vías de extinción.

"Me encanta ser pitcher", expresó el futuro miembro del Salón de la Fama Justin Verlander a ESPN.com durante los entrenamientos primaverales. "Cuando comencé a jugar al béisbol, siempre me imaginé siendo lanzador. Mi ídolo era Nolan Ryan, con aquel arrojo de la vieja escuela. Siendo aficionado a los pitchers, apreciaba bien (a un gran duelo de lanzadores)".

Verlander ha sumado 200 innings en diez temporadas, una por encima de James Shields, de los Medias Blancas de Chicago, para así ostentar la mayor cifra entre pitchers activos. El líder de todos los tiempos en esta categoría es Don Sutton, quien sigue trabajando en el mundo del béisbol como narrador de los Bravos de Atlanta. Logró 20 temporadas sumando 200 innings de actuación.

Shields ha confrontado dificultades en temporadas recientes, por lo cual es fácil olvidar que, durante un tiempo, cuando jugaba bajo las ordenes del actual manager de los Cachorros Joe Maddon en Tampa Bay, Shields se convirtió en una especie de versión del siglo XXI del "Viejo Hoss" Radbourn, aquel lanzador comedor de innings de finales del siglo XIX. Sus 11 juegos completos conseguidos en 2011 representan la mayor cantidad lanzada por pitcher alguno en la presente centuria. Etiquetar a Maddon como hombre de la vieja o nueva escuela sería poco preciso. Sería más exacto definirlo como hombre de la "Escuela Maddon". Aun así, ¿cómo logró Shields convencer a Maddon de que permitiera lanzarle tantos partidos hasta el final?

"Recuerdo que, para 2010, no había lanzado un juego completo desde 2008", expresó Shields. "Le dije en el Spring Training que quería tener la oportunidad de lanzar juegos completos. Creyó en mí. Creyó en el proceso y me permitió hacerlo. Al final del día, hay que contar con la confianza de tu manager y debes tener esa mentalidad y ética de trabajo".

En el caso de Verlander, su potencial siempre estuvo claro. Fue el segundo seleccionado del draft de 2004 y el equipo que decidió no escogerle (San Diego) seguramente gustaría tener una segunda oportunidad. No necesitó siquiera de una temporada completa en Ligas Menores para llegar a Detroit. Sus números de por vida en Ligas Menores: 11-2 en 22 aperturas, efectividad de 1.42 y 10.5 ponches por cada nueve innings.

Sin embargo, pasó por un periodo de prueba tras unirse a los Tigres. Tuvo que producirse la oportunidad en la cual su manager, Jim Leyland, entendería que Verlander era un pitcher merecedor de contar con cierta flexibilidad.

"Pienso que fui afortunado", dijo Verlander. "De contar con un manager que tenía ciertas tendencias de la vieja escuela. Siendo el manager que era, logró mezclar sus ideas con técnicas más novedosas. Sin embargo, a final de cuentas, confiaba en sus instintos".

Debemos resaltar ese comentario porque hay un tema que surge a raíz de él.

Durante la pasada postemporada, Verlander fue una maravilla, convirtiéndose en el nuevo prototipo para la denominada "pieza para rematar", o sea, el ingrediente final de la receta de su campeonato. Fue líder de todos los lanzadores en la postemporada con 36 2/3 innings, incluyendo una salida crucial de 2 2/3 innings como relevista. Pitcheó un juego completo, venciendo a los Yankees en el segundo juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana con 13 ponches.

Eso fue poco sorprendente. Desde hace mucho tiempo, Verlander se hizo de una reputación, gracias a su capacidad de trabajar por largo tiempo en los partidos logrando manejar sus cargas de trabajo al principio de los cotejos. Esta capacidad le permitía mantener su energía a medida que avanzaban los partidos y, en muchas ocasiones, sus mejores lecturas de velocidad se producían durante la parte final de sus aperturas.

"(Leyland) siempre me decía, especialmente al principio", recuerda Verlander. "Cuando era más joven y lanzaba a 100 millas por hora, me decía: ¿a quién voy a traer después de ti, que pueda creer capaz de mejorar eso? ¿A quién voy a traer que cuente con mejor repertorio? Así era su proceso. Si necesitábamos un out importante a finales del partido, me permitía intentar conseguir ese out. Típicamente allí solía hacer mi mejor labor".

Allí tenemos una lección a aprender: Si quieren pitchear durante los tramos finales de un encuentro, debes ser mejor que los relevistas detrás de ti. En otras palabras: debes ser Justin Verlander.

Sin embargo, hay que considerar lo siguiente: Verlander lanzó 124 pitcheos en ese juego completo de postemporada. No sumó 100 lanzamientos en sus otras cinco apariciones en playoffs. En una sola oportunidad, pudo hilar siete episodios de labor. A pesar de ello, lanzó más entradas que cualquier otro pitcher en la postemporada, con Clayton Kershaw de los Dodgers de Los Ángeles ubicado en segundo lugar.

Entonces, no fue una postemporada al estilo Deacon Phillippe para Verlander. Sin embargo, fue impresionante. Phillippe pitcheó durante la primera década del Siglo XX. Verlander dejó claro que, aún en 2017, hay lugar para un pitcher que pueda cargar en hombros semejante responsabilidad. El manager de los Astros A.J. Hinch pudo aprovechar esa cualidad de Verlander porque ya era un rasgo bien conocido en él. La actuación de Verlander fue crucial para la causa de Houston: es muy probable que no hubiesen llegado a la Serie Mundial, y mucho menos haberla ganado, de no ser por él.

"Me establecí como un hombre que se fortalece a medida que avanza el partido", dijo Verlander. "El resto es historia. Tenía la capacidad física para hacerlo, aunque también se dio la combinación del momento apropiado con el manager oportuno y la organización correcta".

Con esa serie de factores, uno llega a preguntarse: ¿Cuántas veces podremos ver en el futuro ese tipo de actuaciones chapadas a la antigua? ¿Los playoffs en la próxima década serán marcados por los Andrew Miller del futuro, o los Verlander?

Todo está conspirando contra el modelo impuesto por Verlander. Con cada temporada, cada vez más y más innings están siendo asumidos por el bullpen y no por la rotación abridora. Con mayor frecuencia, los equipos se adhieren a preceptos analíticos que los llevan a concluir que no es buena idea permitir que un abridor enfrente a una alineación completa en más de dos oportunidades. A la vez, los equipos se muestran cada vez más cautos con respecto a las cargas de trabajo de los jóvenes lanzadores, a medida que avanzan hacia las Grandes Ligas.

Estas tendencias han estado vigentes por décadas y se han acelerado en temporadas recientes. No parece que pasarán de moda en el futuro.

"¿Poder tener a alguien que demuestre algo así en estos días?", expresa Verlander. "No lo sé. Creo que será difícil. Por eso parece ser una especie en extinción".

El liderato de todos los tiempos en innings lanzados en la postemporada es dominado, en mayor medida, por lanzadores de la era del comodín, como es de esperar. El total de Verlander se encuentra empatado en el modesto puesto 15. En 2014, Madison Bumgarner de los Gigantes de San Francisco impuso el récord en una temporada con 52 2/3 innings en postemporada al conducir a los californianos al campeonato.

Si se necesita un indicador de cómo ha evolucionado el rol del pitcher abridor, consideren lo siguiente: El poseedor del puesto 3 en la lista de innings en la postemporada es Phillippe, de los Piratas de Pittsburgh, con 44. Impuso dicha marca en la primera Serie Mundial, celebrada en 1903. No hubo rondas preliminares. Lanzó cinco juegos completos en dicha serie.

Hoy en día, las hazañas relativas a innings lanzados tienden a producirse con respecto a largas salidas en relevo. Si un pitcher hoy en día llega a sumar nueve entradas, no es producto de su resistencia. Es resultado de la eficiencia a la hora de manejar los pitcheos.

Durante los años 20, 1 de cada 10 juegos completos resultaron en blanqueos. Para la década de los 60, representaron 1 de cada 4. Durante la actual década, casi la mitad (más exactamente, el 48 por ciento) de todos los juegos completos han sido blanqueos. A principios de la temporada 2018, en la cual el clima tiene al Béisbol Mayor en ritmo para conseguir el récord de blanqueos a nivel colectivo, tres de cada cinco juegos completos han sido blanqueos atribuidos a un solo lanzador.

A fin de que un abridor pueda convencer a su manager para permitirle terminar un partido, básicamente no puede hacer ninguna clase de concesiones. E incluso si se mantiene hermético, la mayor probabilidad radica en que no se le dará esa oportunidad. Entonces, ¿cómo podemos conseguir a otro Verlander en semejantes circunstancias?

"Creo que se requerirá la llegada del jugador correcto", indica Verlander. "Alguien con una capacidad similar a lo que solía hacer, que me fortalecía a medida que avanzaban los partidos. Deberá contar con una habilidad tremenda, porque eso es lo que ahora se consigue con hombres que salen del bullpen".

Mientras tanto, la frecuencia de las largas salidas en relevo crece y crece. La cantidad de apariciones en relevo que alcanzaron más de dos innings ascendió hasta 628 durante la pasada zafra, siendo la mayor cantidad registrada desde 2006. Esta temporada, se han producido ya nueve apariciones en relevo con al menos cuatro innings. Eso incluye a Eddie Butler de los Cachorros y Jarlin García de los Marlins de Miami, quienes lanzaron siete y seis episodios, respectivamente, en un partido a 17 entradas entre ambos clubes el 30 de marzo. Si esas apariciones no se hubiesen producido como relevo, habrían sido calificadas como salidas de calidad.

Una forma de poder leer lo anterior es que el modelo de staff de pitcheo dominante en el béisbol desde finales de los años 80 hasta la presente década tiene sus deficiencias. Muchos de nosotros ya lo sospechábamos. Se le podía indicar a cada pitcher cuál era su rol y éste se adhería a él rápidamente. Aunque no todo ha cambiado.

"A mi criterio, y no conozco todos los números, si revisamos entre los 6 y 8 años anteriores, no ha habido muchos equipos que clasificaran a los playoffs que no hayan sumado por lo menos 900 innings de actuación por parte de su staff abridor", dijo Shields. "Al final del día, es una larga temporada. Hay que proteger al bullpen lo más que se pueda. Es nuestra labor como abridores el proteger al bullpen. Los abridores que lleguen a este deporte deben seguir contando con esa mentalidad".

El problema hace pocos años consistía en que se pasaron demasiados innings de pitchers buenos a otros de calidad marginal. Los mejores abridores tenían demasiado trabajo, pero otros de menor nivel asumieron una cantidad de innings que ahora podrían ser asumidos por un relevista largo competente. En cuanto a trasladar mayor cantidad de innings de los relevistas a abridores, pues, mejor olvídenlo. Los equipos ahora se manejan de forma más inteligente en ese sentido.

¡Grandioso, entonces! La eficiencia del uso de los pitchers está mejorando. Tenemos una mayor cantidad de relevistas que pitchean a grandes velocidades, más que nunca. En muchas ocasiones, se trata de un lote de pitchers sin rostro ni nombre y debido a la amplia disponibilidad, parecen casi intercambiables. Se puede ir a un partido y ver a un equipo blanquear a su rival con tres indiscutibles y 15 ponches. Se podría requerir la participación de cinco lanzadores para lograr tal hazaña. A la semana siguiente, no recordarán los nombres de los pitchers que se combinaron a tal fin.

Hay algo muy claro que estamos perdiendo en este proceso. Estamos perdiendo la posibilidad de ver esos enfrentamientos de pitcheo "hombre contra hombre" que solían atraernos tanto. Ahora vemos la lista de lanzadores del día y nos dice que José Quintana lanzará contra Alex Wood, pero eso no es completamente cierto. Los Cachorros juegan contra los Dodgers y los pitchers trabajan contra sus propios conteos de lanzamientos.

A pesar de lo anterior, no significa que no tendremos otros Verlander en el futuro. Sólo significa que serán mucho más especiales.

"Así lo creo", dice el gerente general de los Astros Jeff Luhnow. "A medida que los pitchers permanezcan por mayor tiempo en el partido, la idea es que su calidad decaerá porque están mostrando signos de agotamiento o porque los bateadores se están acostumbrando a su repertorio. La alternativa es contar con brazos en el bullpen diseñados para neutralizar a bateadores en específico, o que éstos maximicen sus esfuerzos contra tres o cuatro bateadores. Se convierten en la opción más atractiva para un mánager en los tramos finales de un encuentro".

"Excepto cuando se cuenta con un Clayton Kershaw, un Justin Verlander o incluso un Dallas Keuchel, quienes al enfrentarse al orden ofensivo por tercera ocasión siguen siendo la mejor opción, comparados con el bullpen. Con la excepción, probablemente, de su cerrador. En Ligas Menores, es raro ver que los pitchers lancen tanto, pero sí sé que mientras hemos limitado las actuaciones de nuestros pitchers en los niveles más bajos, al llegar a Triple-A queremos asegurarnos de que nuestros abridores tengan la oportunidad de lanzar hasta las instancias finales de los partidos".

A partir de allí, se requerirá una sociedad entre lanzador y manager a nivel de Grandes Ligas para llegar hasta el límite, hasta que, eventualmente, lleguen a la conclusión de que se cuenta con un Verlander disponible.

"Podrá tratarse de una población más pequeña de pitchers de élite", dijo Luhnow. "Pero una de las cosas más difíciles que le toca hacer a un manager es sacar a su as del partido cuando no está listo para proseguir. Y ellos nunca sienten que no cuentan con fuerzas para seguir. Siempre desean mantenerse en la loma. Siempre sentirán que son esa clase de pitcher".

Los mánager lo saben gracias a sus instintos. Allí es cuando sale a relucir la idea de la desaparición de la raza a la cual pertenece Verlander. Sabrán que existe uno cuando se vea a uno de ellos.

"Siempre existirán", indica Hinch. "Los pitchers de élite en esta liga, hombres que puedan enfrentarse por tercera ocasión a una alineación, podrían hacerse cada vez más peculiares. Pero, entiendan, uno quiere contar con hombres que puedan lanzar por tantos innings como puedan. En cualquier partido, cualquiera tiene la oportunidad de pitchear durante tantos episodios".

"Aquel que pueda hacerlo durante 30 aperturas en una temporada, o una carrera de 15 años como lo ha hecho Verlander, se convierte en un logro sumamente raro. Primero, se requiere de salud. La data con la que contamos siempre nos hará pensar que vamos a utilizar al bullpen más rápido. Pero puedo recitar los muchos partidos en mi corta carrera como manager en los cuales quizás he sido lo suficientemente tonto como para sacar del partido a un pitcher".

¿Se acuerdan de su duelo de lanzadores favorito? Quizás se encuentre dentro de esta lista. En la misma, encontrarán los partidos de temporada regular celebrados desde 1940 en los cuales los pitchers abridores de ambos equipos lograron un game score mínimo de 80. ¿Cómo se ve un partido con game score de 80? Pueden revisar este encuentro del 23 de mayo en la pasada zafra entre Cardenales de San Luis y Dodgers. Lance Lynn maniató a Los Ángeles, que anotaron solo una carrera en ocho episodios, sumando 10 ponches. Kershaw lanzó durante nueve innings, tolerando una carrera y abanicando a 10. Ese fue un legítimo duelo de lanzadores, aunque el partido se fue a extra innings y ninguno de ellos terminó acreditándose la decisión.

En 2017, se produjeron cuatro encuentros de este tipo. No hubo ninguno en 2016. No ha habido más de cuatro partidos así durante una misma temporada desde 1990. Durante el periodo de 15 años que terminó en la zafra anterior, se produjeron uno o ningún duelo de pitcheo en siete campañas distintas.

En otras palabras: si son afortunados de poder presenciar un solo duelo de pitcheo esta temporada y el cual probablemente recordarán por siempre, existen 50% de posibilidades de que hayan visto el único encuentro de esa clase que se escenificará durante toda esa temporada.

Todo esto ha ocurrido, obviamente, por una razón. Lo pueden ver en las estadísticas comparativas de la liga. Para el pitcher promedio, tenemos la progresión del año pasado del OPS permitido comparado con la cantidad de ocasiones en las cuales se enfrentó a un bateador determinado en un mismo encuentro: .738 en la primera oportunidad; .779 en la segunda y .801 en la tercera. La diferencia entre la primera y la tercera ocasión en la cual se enfrenta a un mismo bateador es casi la misma diferencia entre enfrentarse a Jordy Mercer y a Joe Mauer. Entre cada individuo, existen muchas variables. Pero se puede ver el por qué, con cada vez mayor énfasis, se limita la exposición de los abridores en un encuentro a un mismo toletero.

Aún no están claros los beneficios que esto podría traer a fin de mantener la salud de los lanzadores abridores. En la pasada campaña, sólo siete pitchers con edad mínima de 35 años lanzaron por lo menos 100 episodios. Esa es la menor cantidad registrada desde 1995, temporada reducida tras un conflicto laboral. Si subimos el límite a 150 innings, tendríamos solamente a dos: R.A. Dickey y John Lackey. Ambos ya están fuera de la liga en 2018. Entonces, si las tendencias registradas en décadas recientes redundan en carreras más largas para los abridores, no se nos hace inmediatamente demostrable y claro. En 2017, hubo 14 abridores con edad mínima de 35 años en sumar por lo menos 150 innings de labor.

En la presente temporada, Verlander tiene 35 años y está mejor que nunca. Literalmente hablando. Su ERA+ de 235 en sus tres primeras temporadas sería, por mucho, el mejor de su carrera si es capaz de mantenerlo durante todo el transcurso de la campaña (lo cual no hará). Aún así, su ERA+ de 140 de 2016 y 132 de 2017 fueron muy superiores al promedio de su carrera (124). Verlander se hace cada vez más fuerte y a la vez, se convierte en una rareza.

Esta situación se hace palpable al revisar la evolución en la cobertura diaria de los encuentros. Las preguntas posteriores a un partido sobre el por qué un manager decidió cambiar a su pitcher abridor solían ser normales. Ahora, son cada vez menos frecuentes, quizás porque los medios de comunicación han entendido que tales decisiones, en la actualidad, son producto de filosofías asumidas por las organizaciones en vez de las preferencias de un mánager.

Recientemente, luego que los Piratas vencieron a los Cachorros 9-1 y se le diera al joven abridor Trevor Williams la oportunidad de enfrentarse a una parte de la alineación ofensiva de Chicago por tercera ocasión, las preguntas al respecto abundaron en la comparecencia de Clint Hurdle tras la conclusión del duelo.

"Hay muchos libros disponibles hoy en día que te dicen que no puedes hacer algo así", indicó Hurdle. "No se supone que debamos hacerlo. Le digo a nuestros muchachos: 'Bien, entonces, ¿cómo vamos a entender cuándo poder hacerlo? Se supone que este deporte debe ser jugado a cierto nivel. Si el muchacho cuenta con la capacidad suficiente, déjenlo lanzar y permítanle utilizar sus habilidades".

Sin embargo, Hurdle es precisamente el mismo manager que sacó a Williams del partido tras seis innings sin permitir hit el 01 de abril. Williams había concedido cinco boletos y lanzado 85 pitcheos. Aun así, no había tolerado hit o carrera y, durante la mayor parte de la historia del béisbol, habría sido inconcebible quitarle la pelota entre innings en algún momento del partido.

Otra contradicción dentro del universo de Hurdle: Permitió que Jameson Taillon completara un blanqueo de sólo un hit contra los Rojos de Cincinnati una semana después que removiera a Williams de su intento de lanzar sin hits. Tailon necesitaba apenas 110 pitcheos para terminar el partido, entonces no estaba siendo objeto de abuso por parte de Hurdle.

A pesar de ello, Pittsburgh mantuvo ventaja de cinco carreras en los últimos episodios y Hurdle bien pudo haber reemplazado a Taillon tras ocho innings para así proteger su conteo de pitcheos. No obstante, dentro de la industria, los juegos completos y blanqueos siguen siendo importantes para quienes juegan este deporte. Sólo que ahora deben cumplir una serie muy específica de parámetros de uso. Dichos parámetros son manejados por... el mánager.

Allí tienen, entonces, la respuesta a la pregunta si existirán otros Verlander en el futuro. Estos unicornios cobrarán vida porque algunos managers inteligentes les permitirán existir. Será un proceso gradual para cada as emergente, pero ocurrirá. Y si tomamos en cuenta lo inusual que será la existencia de estos ases caballos de batalla del futuro, se harán mucho más valiosos para sus equipos, sin mencionar cómo se cotizarán en el mercado.

Estos temas seguirán su evolución. La preeminencia de lanzallamas en los bullpen que vemos hoy en día podría disminuir. Hace diez años, el problema antes mencionado de ver a muchos pitchers incompetentes sumando innings de trabajo era, ciertamente, parcialmente ocasionado por una situación de oferta y demanda. Ahora existen relevistas mucho más capaces. Esto podría cambiar nuevamente.

También veremos como cambian las cosas con respecto a la estructura de los playoffs. Solía ocurrir que los equipos solían dedicar todos sus recursos a ganar un banderín, porque sólo tendrían que enfrentarse a una ronda más luego de vencer. Ahora, con diez equipos metidos en la carrera, en muchas oportunidades los equipos pueden proyectar su situación en octubre con suficiente antelación. Equipos como Dodgers y Cachorros han entendido esto en años recientes, manejando la carga de trabajo de sus cuerpos de pitcheo durante toda la temporada, buscando así mantenerlos frescos para octubre.

Los Astros de 2017 son el principal ejemplo de ello. A partir del ecuador de la temporada, había pocas dudas sobre la presencia de Houston en los playoffs. Tuvieron mucho tiempo para concentrarse en su preparación con miras a los 18 juegos de postemporada a enfrentar, para buscar 11 triunfos necesarios para asegurar el primer título en la historia de la franquicia espacial.

Dieciocho partidos, conllevando cada uno de ellos una aventura única y agotadora. Hinch debía mantener a sus pitchers frescos para asumir esa carrera, incluso mientras debía buscar ubicar a los Astros como primer sembrado. Cuando su bullpen hizo implosión casi colectiva, debió depender de sus pitchers abridores más que nunca. Y pudo contar con ellos gracias al trabajo hecho durante toda la zafra para buscar su preservación. Y gracias a Verlander.

Quizás nuestras mejores esperanzas en ver otros Verlander radican en su cuenta bancaria. Hasta la temporada 2017, Verlander había ganado $198.5 millones en salarios en Grandes Ligas. Si el mercado para un abridor con calidad marginal se encuentra a la baja, tal como lo sugirió el comportamiento visto el invierno pasado, la demanda por un abridor de elite y casi imposible de conseguir, como lo son Verlander, Chris Sale, Max Scherzer y Verlander parece seguir gozando de buena salud.

Eso significa que los incentivos que tienen los pitchers para exigirse más allá de sus límites y convertirse en aquel hombre capaz de enfrentar en dos ocasiones a toda una alineación de bateadores siguen siendo muchos y muy fuertes. Y los dueños de equipo saben muy bien el efecto particular que puede surtir un abridor súper estrella en la venta de boletos (¡Es el día de Verlander!)

Los ases estrellas, caballos de batalla, hombres que pueden cargar con todo un equipo a sus espaldas y llevarlos hasta la línea de llegada (hombres de un solo nombre, de la talla de Gibson, "La Unidad", "El Cohete", Koufax, Verlander), son las leyendas de este deporte. La idea de no contar más con hombres así... Es una idea desagradable.

Si las tendencias analíticas nos llevan a su lógica conclusión, pensaríamos entonces que nunca más volveríamos a ver una leyenda de esa talla. No obstante, mientras los patrones de uso sean una forma un poco más eficiente de ganar partidos durante el transcurso de una larga temporada, o incluso de múltiples campañas, eso no significa que la magia desaparecerá del béisbol. Hay demasiados motivos que nos hacen pensar que no será así.

Disfruten de los ases del pitcheo. Aprecien bien los duelos de pitcheo cuando se produzcan. Gracias a talentos únicos en una generación y managers astutos, no desaparecerán por completo. ¿O sí?

"Esa es una buena pregunta", dice Verlander. "No sé cuál es la respuesta".

No dijo algo precisamente tranquilizador. Siempre y cuando no desaparezcan por completo, Justin Verlander y su cada vez más reducida población de colegas, seguirán siendo una de las maravillas del béisbol de Grandes Ligas.

Todo lo que se necesita es uno. O dos de ellos, si quieren ver un duelo de pitcheo, de aquellos que veíamos en los viejos tiempos.

Por Bradford Doolittle | ESPN.com