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Vladimir Guerrero Jr. aprueba el examen de Lidom a los 18

SANTO DOMINGO. Cuando Vladimir Guerrero Ramos vio la luz del mundo el 16 de marzo de 1999 en un hospital de Montreal su padre ya tenía garantizados US$30 millones de los US$125,541,455 que cobró en una carrera de 16 temporadas que en enero lo puede llevar a Cooperstown.

Pero crecer sin las preocupaciones económicas de la mayoría de mortales, ver los juegos desde palcos de lujo, acceder a los exclusivos dugouts de la MLB donde compartía con estrellas o no faltarle el juguete que quisiera no significó que fallara en entender que si quería labrar su propio camino la palabra éxito solo en los diccionarios figura antes que trabajo. Un verbo al que apela nueve veces en las 328 palabras que utiliza para responder esta entrevista con DL.

Con apenas 18 años, Vladi Jr. enfrenta en una liga como la Lidom a hombres como Jailen Peguero y José Valverde, que le doblan la edad (36 y 39) y lo ha hecho mostrando destellos de por qué está ranqueado entre los mejores prospectos del béisbol.

Hasta la jornada del martes, Guerrero había jugado los 12 partidos del Escogido, 11 de ellos en la tercera base con una línea ofensiva de .267/.340/.378 en bateo, porcentaje de embasarse y slugging, 12 imparables en 45 turnos, dos de ellos triples, un doble y cuatro carreras remolcadas.

Apenas lleva cinco ponches y cuatro boletos, pero los intangibles para el box score como su alta selectividad para hacer swing, su agresividad con el guante y la velocidad que logra a pesar de sus 200 libras le hacen pasar con notas altas su primera quincena en la liga de más alto nivel en que ha jugado.

“No ha sido tan fácil, pero tú sabes que el trabajo y gracias a Dios, con el trabajo todo puedes hacerlo fácil, trabaja en la offseason (temporada muerta) y te preparas para la temporada y eso es lo que va a venir, el trabajo bueno”, dice Guerrero, que adorna su pelo con dreadlocks tintados de amarillo.

La rutina que cumple estos días comprende viajar tres veces a la semana desde Don Gregorio, Peravia, donde reside, hasta el complejo de los Toronto Blue Jays en Boca Chica para hacer sesiones de pesas en las mañanas y tomar clases de inglés. En las tardes se integra a las prácticas del Escogido para jugar en las noches.

Todo esto después de una temporada entre A y A+ que incluyó 119 partidos, 527 apariciones en el plato y asistir al Juego del Futuro en Miami.

“Trato de hacer mi trabajo y que ellos (Toronto) vean el trabajo que yo estoy haciendo, no trato de obligarlos a que me suban sino que trato de hacer mi trabajo, ellos son los que tienen el control de eso. Yo no controlo eso (del tiempo en que subirá), simplemente pongo el buen juego ahí y salgo al terreno al 100%, cuando ellos crean que puedo estar en Grandes Ligas que hagan el trabajo. Nunca he tenido presión”, dijo.

Sobre el peso

Cuando los Azulejos lo firmaron en 2015 por US$3,9 millones el peso era uno de los temas que preocupaban. Entonces en sus 6’1 pies albergaba 210 libras, pero con una gran versatilidad que podía jugar en las esquinas del cuadro y los jardines, su posición favorita. “Todo el tiempo he pesado así, la gente me ve gordo, pero todo el tiempo he pesado así y a Toronto le gusta como yo estoy pesando, si a ellos les gusta como estoy pesando así mismo me quedaré”, dijo.

La sombra de su padre es otra losa que sobrelleva, si bien tiene una proyección que obliga a la comparación. 

Por Nathanael Pérez Neró / Diario Libre
NPerez@diariolibre.com