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La improbable historia de cómo el No. 762 se convirtió en el último jonrón de Barry Bonds

Fue hace 10 años un día como hoy que Bonds conectó una recta de 99 mph de Ubaldo Jiménez de línea hacia el jardín izquierdo central, donde tres fanáticos buscaron de forma frenética su último cuadrangular mientras él circulaba lentamente por las bases.

Con ese swing, Bonds elevó un número que había sido casi enteramente inconsecuente para la historia del béisbol: Nadie se había robado exactamente 762 bases o ganado o salvado 762 partidos. El record para apariciones en el plato en una temporada era de 773; el record para el porcentaje de victorias de un lanzador en su carrera era de .710; la peor efectividad en una temporada era de 7.71; la mayor cantidad de dobles de por vida era de 792. El mejor equipo en la historia, los Cachorros de Chicago de 1906, tuvieron porcentaje de victorias de .763. Rich Aurilia tuvo OPS de por vida de .762, y Elston Howard remolcó 762 carreras, y eso básicamente era.

Cómo Bonds logró elevar - o. según muchos, manchar -- exactamente ese número ees una historia que tiene muchos ángulos, todos ellos mejor contados a través de la historia de la persona que terminó atrapando la pelota.

Punto 1: El Record Debió Haberse Quedado en 761, Pero...

Quizás recuerden la controversia sobre la pelota del jonrón 73 de Bonds en 2001: Luego que la pelota aterrizara, los fanáticos se apilaron en por dos minutos en un grupo atemorizante intentando atraparla. El hombre que primeramente atrapó la pelota fue a la corte contra el hombre que eventualmente la guardó. El caso se disputó en corte por varios años, inspiró un documental bastante bueno y supuestamente costó más litigarlo que el costo de venta de la pelota.

Luego que Bonds conectara su jonrón No. 756, el diario Washington Post estimó que la pelota se venderia en alrededor de $500,000. (Terminó vendiéndose por $752,000 un par de días después de los eventos recopilados en esta sección). Pero las expectativas eran que el jonrón más valioso sería el último que conectara Bonds. Una casa de subastas sugería el precio rondaría el millón de dólares.

Con eso en mente, la pelea por el 762 fue relativamente suave. La pelota golpeó el guante de un fan de 24 años llamado Jameson Sutton, quien también sostenía una pelota de práctica en su otra mano en ese momento. Ambas pelotas cayeron al suelo; lo mismo le pasó a Sutton y otros dos fanáticos. Sutton terminó con la pelota verdadera, y otro fanático se quedó con la pelota de práctica. (El tercer fanático, el que se quedó sin nada, luego le dijo a Yahoo! Sports que había consumido drogas 10 minutos antes, así que estaba en desventaja).

Pero he aquí lo interesante: Sutton llegó hasta la cerca para intentar atrapar la pelota con valor potencial de un millón de dólares. Su guante estaba a un pie de la parte delantera de la línea amarilla. El jardinero izquierdo de los Rockies Matt Holliday de inmediato apuntó y pidió una reunión de conferencia entre árbitros, pero el oficial Travis Reininger hizo la señal de cuadrangular con su mano, sin que se reunieran los oficiales.

¿Se habría ido la pelota sin la ayuda de Sutton? Es difícil saberlo, pero la mejor toma es en cámara lenta en el minuto 12 en este video del partido. ¿Se habría cambiado la decisión del batazo si hubiese sido en estos días, en la era de la repetición en video? ¿Se habría atrevido algún árbitro a anular un cuadrangular que habría establecido un nuevo record de todos los tiempos? ¿Se habría atrevido algún oficial a cambiar una decisión como esa y potencialmente costarle a un chico de 24 años un millón de dólares? ¡Estas son cosas que no sabemos!

Pero hay argumentos razonables para decir que Bonds logró conectar el jonrón No. 762 solo porque era el cuadrangular No. 762 - porque la naturaleza misma del jonrón No. 762 creaba un gran incentivo para los fanáticos como Sutton a lanzarse a las cercas y convertir dobles en fortunas.

Punto 2: El Record Debió Haber Sido, Como 765, Pero...

Así que, pero OK, Sutton tiene la pelota. Entonces Sutton se lleva la pelota a su casa, y la pelota se perdió, y nadie sabe dónde está la pelota. En la confusión de la segunda pelota - la pelota de práctica que Sutton dejó caer y que recogió otro fanático - las Grandes Ligas no autenticaron el No. 762, y eventualmente Sutton se sometió a un detector de mentiras para probar que él tenía la pelota real. Lo que es raro porque MLB, para combatir el fraude, tiene la práctica de poner en juego pelotas especialmente marcadas cuando una de ellas podría terminar valiendo un millón de dólares para que no haya confusión sobre cuál pelota es la pelota verdadera.

Pero eso no se hizo esta vez. Un par de meses luego del cuadrangular, Zack Hample escribió sobre el misterio del dueño del 762:

Así que ¿por qué no estaba marcada la pelota del jonrón 762 de Bonds? 
MLB declinó comentar, pero según varios reportes, dejó de marcar las pelotas poco después del cuadrangular que rompió el record y planificaba reanudar la práctica durante las dos semanas finales de la temporada. En 1998 MLB hizo algo similar, y la apuesta les rindió frutos porque McGwire siguió añadiendo batazos a su record casi a diario.
Básicamente: Habían pocas probabilidades de que Bonds dejara de conectar jonrones el 5 de septiembre. El cuadrangular No. 762 no iba a ser más importante que el No. 758 o el 761.

En ese punto, Bonds había conectado cuadrangular cada 16 apariciones en el plato en esa temporada y había jugado en el 84 por ciento de los partidos de los Gigantes. Restando 22 partidos en el calendario (más el resto del juego en progreso), probablemente tendría unos 75 turnos adicionales. Las oportunidades de que Bonds no conectara un vuelacercas en 75 apariciones en el plato eran poco menos de una en 100.

Pero entonces, luego de 24 apariciones al plato sin cuadrangular, vino esta jugada rara:

A Adrián González se le acreditó el hit, enviando una línea profunda a la cerca en el jardín izquierdo que Bonds intentó atrapar. Un fanático parecía que había interferido la jugada con Bonds con su guante, quien chocó la pared y cayó al suelo. 
Bonds fue sometido a pruebas de rayos X, las que salieron negativas, y no estuvo disponible para hablar con los reporteros. Le dijo a [al lanzador de los Gigantes Matt] Cain que la pelota estaba en su guante. "Sintió que alguien la sacó de ahí", dijo Cain.
Inicialmente la lesión en el pie que sufrió en la jugada lo iba a mantener fuera de juego por dos o tres partidos, pero Bonds terminó en la banca los siguientes 10 días. Solo jugó un partido más: el partido final de la temporada en casa. Luego de dos rodados, se enfrentó a Jake Peavy en la sexta entrada, atrás en el marcador por siete carreras. Peavy, cuya recta promediaba 92.5 mph ese año, lanzó una que marcó 90 en el pizarrón, por todo el medio y a la altura del cinturón. Bonds conectó un enorme elevado hacia la franja de advertencia en el jardín derecho central - el narrador de los Gigantes Duane Kuiper llegó a iniciar su frase de cuadrangular - pero el batazo se quedó corto.

Peavy se unió a los Gigantes siete años más tarde. "Hice lo mismo con Todd Helton el año pasado", dijo cuando se le preguntó sobre el lanzamiento. Helton, ante Peavy, conectó cuadrangular en su partido final en casa. Bonds se quedó corto.

Punto 3: El Record Debió Haber Sido No Menos De 783, Pero...

Así que entonces Sutton se llevó la pelota a su casa y la guardó en su armario. Sin duda, siguió rogando porque Bonds conectara otro jonrón. Hample escribió, "él sabía que otro jonrón reduciría grandemente el valor de su pelota pero dice que nunca le fue en contra a Bonds. 'Yo pensé que sería cool si se mantuviera añadiendo jonrones a su record, pero nunca lo hizo, y fue ahí cuando pensé, "Rayos"'". Fue en ese momento cuando Sutton guardó la pelota en una caja fuerte.

Pero todavía parecía que el valor de la pelota seguiría bajando. Varios días después del cuadrangular final de Bonds, los Gigantes anunciaron - a mediados de septiembre - que no traerían de vuelta a Bonds para el 2008. ("La ironía de esto es que él todavía puede jugar", dijo el gerente de los Gigantes Brian Sabean en la misma conferencia de prensa en la que él anunció que no quería a Bonds de vuelta, lo que es en extremo irónico). El juego final de Bonds fue tratado como una especie de despedida. Le dió un discurso emocional a sus compañeros antes del juego y recibió una larga ovación de parte de los fanáticos de los Gigantes. Su casillero ya estaba vacío. No se vistió para la serie final en Los Angeles.

Si él iba a poder jugar para otro equipo en el 2008 era cuestión de debate. Él dijo que quería hacerlo. Y en esa temporada baja comenzó con el habitual corrido de rumores - dónde encajaría quién podría estar interesado. "Habrá mercado para él", dijo el gerente de los Padres Kevin Towers.

Pero mucha gente no lo creía, y los rumores fueron rápidamente reemplazados con un equipo tras otro negando interés en él - en ocasiones en el lenguaje más explícito posible. El manager de los Astros Cecil Cooper dijo que renunciaba si Houston lo firmaba. No encajaba en los Nacionales, dijo el manager Manny Acta, "ahogado en risas". Los Rays no respondieron a los mensajes de texto del agente de Bonds. Los Mets "se rieron" con la idea. "No estamos interesados", dijo el saidpresidente de los Piratas, Frank Coonelly. Los Marineros "dejaron enfáticamente en claro que ellos no firmarían a Bonds bajo ninguna circunstancia en ningún momento". "Barry no va a jugar para mi equipo", dijo el manager de los Medias Blancas Ozzie Guillén.

Hubo ejecutivos, managers, jugadores y ciertos escritores que querían que sus equipos firmaran a Bonds. Parecía que siempre había alguien más en la organización - o muchos otros - que estaban dispuestos a decir "sobre mi cadaver". La resistencia era más fuerte que la atracción.

And so the winter passed without Bonds getting a job, though he stayed in shape and his agent kept pressing clubs. Sutton took the ball out of that safe deposit box and put it up for auction: a baseball that might be worth a million dollars or might be worth practically nothing, depending on whether Bonds ever played another game. Sutton's stepdad was battling cancer, and the money would help pay the bills.

Su padrastro falleció cuatro días antes que la pelota fuese puesta a la venta en subasta. La pelota del jonrón No. 762 se vendió por $377,000 a un comprador anónimo. El presidente de la casa de subastas que vendió la pelota justificó el bajo precio de venta a la incertidumbre sobre si Bonds volvería a jugar y conectar otro cuadrangular. "Si Barry Bonds no vuelve a jugar", dijo él, "quien quiera que haya comprado esta pelota tiene una pieza valiosa que vale por lo menos siete cifras".

PECOTA, el sistema de proyección en Baseball Prospectus, pronosticaba que Bonds batearía .248/.419/.478 esa temporada, con 21 jonrones.

En diciembre de 2009, casi dos años después de perseguir equipos, finalmente el agente de Bonds reconoció que casi no habían posibilidades de ver a Bonds jugar nuevamente. "Si ellos hubiesen dejado que Barry jugara béisbol hasta que su porcentaje de embasamiento bajara a menos de .400, probablemente habría jugado hasta los 56", dijo Jeff Borris.

Finalmente, el número 762 puede descansar. Cada año que sobreviva, se hará más famoso. Cada año, el 755 será menos famoso.

Por Sam Miller | ESPN.com