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#MLB: Los Baby Bombers no quieren esperar y buscan ganar ahora

La última vez que los Yankees de Nueva York conformaron un equipo a partir de prospectos de su sistema de Ligas Menores, establecieron una dinastía que ganó cuatro Series Mundiales entre 1996 y el 2000.

De ahí salieron los Derek Jeter, Mariano Rivera, Bernie Williams, Jorge Posada y Andy Pettitte, a quienes le añadieron las piezas necesarias para crear una maquinaria de jugar y ganar.

Después de casi dos décadas de gastos desenfrenados en veteranos improductivos, en las que sólo conquistaron el cetro en el 2009, los hijos del viejo George Steinbrenner se apartaron de la filosofía de su difunto padre y tras recortar costos, se enfocaron nuevamente en desarrollar la granja.

Tras limpiar la casa y salir de Alex Rodríguez, Mark Teixeira, Brian McCann y otros malos contratos, le abrieron paso a una nueva generación que se ha ganado merecidamente el sobrenombre de los 'Baby Bombers', proyectados para reinar en los próximos años.


Aaron Judge conecta las pelotas con tanta fuerza que sus prácticas de bateo se están convirtiendo en un evento imperdible. Shelley Lipton/Icon Sportswire
Pero Aaron Judge, Gary Sánchez, Ronald Torreyes, Luis Severino y Dellin Betances, las caras más visibles de la nueva hornada, muestran la ansiedad de la juventud y no parecen dispuestos a esperar más.

Después de un mes y días del arranque de la temporada, los Yankees encabezan la dura División Este de la Liga Americana, a pesar de que los Medias Rojas de Boston, Orioles de Baltimore y Azulejos de Toronto salieron al ruedo más favorecidos en los pronósticos.

Mientras Sánchez, Judge y compañía se iban cocinando en las Menores, hubo un momento que marcó un antes y un después en la reconstrucción de los Yankees.

Ese momento hay que buscarlo en el invierno del 2015, cuando la gerencia capturó al cerrador Aroldis Charpman, quien había quedado en el aire cuando Dodgers de Los Ángeles lo desecharon después de adquirirlo de los Rojos de Cincinnati, debido al incidente de violencia doméstica en que se vio envuelto el cubano.

A mediados de la pasada campaña, los Yankees cedieron a Chapman a los Cachorros de Chicago a cambio de valiosos prospectos, incluido el venezolano Gleyber Torres, lo cual le permitió al equipo neoyorquino fortalecer aún más su finca, hasta convertirla en la más poderosa de todo el béisbol.

La jugada magistral se completó cuando los Yankees volvieron a obtener a Chapman en la agencia libre con el mayor contrato de la historia para un relevista.

Eso le posibilitó al equipo promover a las Mayores a figuras como Judge y el abridor zurdo Jordan Montgomery, sin apurar a otras promesas como Torres o Jorge Mateo, que siguen desarrollándose en los niveles inferiores.

Los noveles se han acoplado a la perfección con figuras más establecidas, como el dominicano Starlin Castro, el holandés Didi Gregorius y los veteranos Brett Gardner, Chase Headley y Jacoby Elsbury, para recuperar un espíritu que habían perdido los Yankees en los últimos años: la capacidad de luchar hasta el último out, de no darse por vencidos nunca, por aquella máxima de que ''el juego no se acaba, hasta que se acaba'', obra de otra leyenda de la franquicia, Yogi Berra.

Y no es que todo haya salido a la perfección. Aunque el pitcheo abridor trabaja colectivamente para efectividad de 3.67, Masahiro Tanaka, Severino y CC Sabathia han sido inconsistentes, con actuaciones que han ido en ocasiones de lo sublime a lo ridículo.

Pero los relevistas, encabezados por Chapman y Betances, han logrado preservar victorias o frenar a ofensivas agresivas, para permitir remontadas épicas, como la del viernes pasado ante los Orioles, cuando los Yankees ganaron 14-11 en extrainnings después de ir debajo 1-9 en el sexto episodio.

El ataque ha sido demoledor y encabeza el joven circuito con 148 carreras producidas en los primeros 26 juegos (5.7 por partido) y 44 jonrones.

De aquí a dos o tres años ese equipo será fuerte candidato, decían unos.

¿Por qué esperar?, dicen los peloteros.

Lo mejor de este equipo es que siempre hay espacio para mejorar.

Toca ahora a la gerencia hacer las movidas indicadas, sin ambición desmedida, para encontrar las piezas que ajusten mejor a esta maquinaria que desde ya tiene asustado al resto de los rivales.

Por Jorge Morejón
ESPN Deportes